Sobre la faz de la tierra, bajo el sol, existen todo tipo de criaturas y sin fin de ocupaciones. Tal era el caso de cierta entidad que, llevando en cuenta su experiencia, había reencarnado ya setenta veces siete.
Ahora, encontraba placer en criticar a las demás almas, pero ella lo llamaba exhortar, amonestar, aconsejar, y toda palabra bonita para no decir criticar.
Cierto día en cierto mes, se cruzó caminos con un espíritu joven, caótico, que se pasaba la existencia echando a perder cada nuevo oficio que tomaba. No era recriminado, puesto que no afectaba a terceros, pero para el ojo exhortador de esta entidad, tanto desorden le ardía en el alma.
Estaba entonces, el pequeño celebrando sus tres años y dos meses comiendo de forma incorrecta una manzana, cuando la entidad se acercó a amonestarlo:
—Las manzanas no se comen así, comerlas directamente es como comer hambre.
El pequeño espíritu asintió pretendiendo escuchar sus palabras, sin embargo, no dejó de comer la manzana de forma incorrecta.
La entidad comenzó a entrar en un estado de cólera y exigió que atendiera a su exhortación, a lo que el espíritu menor respondió:
—¿Alguna vez probaste la manzana de esta forma? Seguro que sí, por eso sabes que es como comer hambre. Gracias por querer avisar, pero así como tu viviste tantas veces para cometer errores y aprender de ellos, yo también quiero hacerlo. Más ahora, siendo consciente, esta es mi primera vida.
Y así continuó, comiendo la manzana de forma incorrecta hasta que se hartó.
Yo que sé.
Manuscrito en Cuentario Celeste araña.
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