La joven duquesa vivía con el corazón dividido. Creció amando las historias de romance, que leía con frecuencia, a la vez crecía para seguir los pasos de su padre y valorar el deber que adquirió de nacimiento.
Así, una noche despejada, al ver pasar una estrella fugaz, pidió su deseo. Para cumplir ambos ideales de su alma, se dividió en dos.
Para cumplir ambos ideales de su alma, se dividió en dos.
Una fue a vivir su romance con un caballero con quien se había enamorado perdidamente, vivió su vida, adquirió responsabilidades y fue feliz.
La otra mitad, se casó por conveniencia y aprendió a amar a su pareja. Cumplió con sus responsabilidades y fue feliz.
Al momento de su muerte, volvió a unirse y vio que la proporción de tristeza en ambas vidas era la misma, y que el romance en su vida como plebeya había pasado a ser un elemento más en su vida, lo mismo que con sus responsabilidades en la vida de duquesa.
La vida entera, en ambos casos para ella, había sido cada cosa que la alegraba, la entristecía, le daba rabia y la hacía sentir viva.
En ambos casos, fue feliz.
Fin.
Manuscrito en Cuentario Celeste araña.
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