Una entidad milenaria de origen desconocido se quejaba todos los días por distintas razones, y en aquel día en particular se encontró con un espíritu recién nacido, perfecta víctima para sus plagueos.
El pequeño espíritu escuchó atento, como si las rabietas de aquel ancestro le sonaran a sermón o buen consejo de quien es más experimentado.
Como era de suponerse, el pequeño espíritu no entendió nada, y de lo poco que llegó a entender, no logró coincidir en opinión con el mayor. Una inquietud, en específico, fue la causa de su confusión. El antiguo espíritu se quejaba de cómo no tenía tiempo para nada porque los días le duraban segundos, los meses como horas y los años, apenas como días.
El desconcierto en el rostro del menor fue tan evidente que hasta logró detener la cascada sin final de palabras del mayor, y este lo encaró, inquiriendo en sus motivos. El espíritu menor respondió simple y llanamente: "No comprendo tu tiempo".
Cuando el mayor le pidió que explicara qué no entendía exactamente, respondió: "Dices que tus días te saben a segundos, y los meses a horas, pero para mí, un día pasa tan lento, un mes me sabe a eternidad. ¿Será porque aún me quedan siete meses para cumplir un año existiendo?"
Continuará...
Manuscrito en Cuentario Celeste araña.
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