La mujer sacrificó al último pollo que le quedaba para alimentar a un pobre niño hambriento, un desconocido que por azares del destino apareció a su puerta.
Al final, el niño resultó ser nada más y nada menos que una entidad celestial que la premió por su bondad.
Pero ¿fue buena siendo cruel? Porque la bondad de una persona se mide siempre desde el punto de vista de quien sale beneficiado, de sus pares y de quienes se compadecen de él.
Qué pasa cuando la misma acción bondadosa afectó a otros. Es por eso que la divinidad del pollo apareció para castigar a quien asesinó en vano a su fiel creyente. Pero la mujer qué iba a saber.
Así, el dios celeste y el dios de los pollos comenzaron una guerra poco bondadosa.
¿Cómo es este el fin?
Manuscrito en Cuentario Celeste araña.
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