Lo que la mayoría de la gente consideraba maleza... era maleza. Para otros también eran remedios naturales, al menos alguno que otro debía de serlo. Para ella, era algo bello que admirar.
También había cierta belleza en considerar los detalles sin preocuparse por su utilidad. Aunque esto no era del todo cierto. En medio de su belleza, cada que algún abejorro o insecto se paseaba entre los pétalos de cada flor, siempre estaba presente en la mente su arduo trabajo para preservar la flora del planeta. Pero aún con aún con eso no dejaba de ser para admiración.
Comenzó pequeño. Ojeadas pasajeras se convirtieron en momentos en los que no podía apartar la mirada. Pronto la joven se encontraba a sí misma divagando por horas con el pensamiento o la mirada puesta en aquella alfombra colorida.
Así, a la joven dejó de importarle el ensuciarse los pies en el fango recubierto de césped, todo para llegar a sentir los pétalos y hojas. El angosto arroyo pronto estrenó un puente hecho de tabla simple, con esto llegaba sin más problemas hasta su destino.
Cuánto tiempo habrá pasado. Todas sus obligaciones pasaron a segundo plano, y lloraba amargamente cada que la maleza era cortada. Sus lágrimas también comenzaron a servir de fertilizante en esos momentos, y como el ritmo de su crecimiento aumentó, también lo hicieron las limpiezas.
Las lágrimas no fueron suficientes y pasó a dar de su sangre. Cuando esta no bastó, la sangre de alguien más sirvió.
fin?
Manuscrito en Cuentario Celeste araña.
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