jueves, 26 de marzo de 2026

Entre la luna y una luciérnaga

Las noches oscuras, las sin luna, suelen tenerse como las más peligrosas. Cuando es difícil distinguir la mano que se es extendida frente a los ojos, es fácil imaginar el sin fin de criaturas que podrían estar acechando lejos del conocimiento de nuestros sentidos.

Pero ante el peligro inminente llega el resguardo, la precaución. Se busca un refugio, se aspira el confort de la compañía conocida.

Son las noches de luna llena las que verdaderamente representan un peligro, especialmente para las criaturas curiosas. Cuyo ser y existencia está basada en la curiosidad.

La luz de la luna es engañosa. Permite ver apenas lo suficiente para otorgar una aparente sensación de seguridad, haciendo olvidar que es la noche la que está en los cielos. Engaña, borra de la memoria el conocimiento de aún permanecer envueltos en su oscuridad tenebrosa.

Son las noches de luna llena las peligrosas, pues otorgan valentía a aquellos que no la tenían. Alimenta la curiosidad innata de las personas y les da esa falsa seguridad con sus rayos grises, plateados, engañando al mostrar el mundo como en realidad no es. (repetido)

Cada pequeño movimiento es registrado, cada pequeño ruido es un llamado, uno que busca mover los pasos, los tuyos, los míos, los de cualquiera.

Continuará...


Manuscrito en Cuaderno de Sensorialidad Rosada.



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